Las historias y las certezas que salvan

Desde pequeña, cuando mi papá inventaba canciones y cuentos para mantenernos quietas a mi hermana y a mí, entendí que podemos tener una forma propia de ver el mundo, una que podemos crear y moldear. 

Recuerdo la rutina de la mañana antes de ir al colegio: mi mamá se sentaba en la cama, me acariciaba y me desarropaba para que fuera espabilando, justo antes de ponerme las medias blancas y los zapatos negros del uniforme. 

Unos minutos después llegaba mi papá que terminaba de despertarme con alguna canción inventada, que siempre tenía percusiones raras que me hacían reír aun con los ojos cerrados. Me cargaba en brazos y me convertía en un avión que planeaba el pasillo hasta el baño, donde yo empezaba a acomodarme. Ese camino era cortico pero poderoso, eso lo supe luego. 

La realidad no es solo una, depende de cómo nos la contamos y la vivimos, a través de la creación propia y la de otros. Cómo entendemos el mundo, lo que sentimos cuando una idea nos tumba una creencia, cuando leemos algo que nos hace dudar, que nos mueve todo y hace temblar nuestros cimientos, no para derrumbar sino para reconstruir. La certeza de que no todo es blanco y negro. 

Por eso creo en el poder del arte que nos ayuda a entendernos y entender a los otros, que nos reta y nos cuestiona sin querer imponernos nada, que solo da pistas y piezas que nosotros ordenamos como mejor podemos, que no busca predicar nada sino despertar algo. 

Todo tiene que ver con las historias. Las historias me ayudan a hilar esas dudas y certezas que me salvan, son lo que busco cuando soy incapaz de entender o aceptar algo, las que me consuelan y me dan cuerda para seguir en movimiento, son los lugares que adopto y creo para resguardarme, son lo que creo y dejo de creer. 

Es también lo que quiero compartir: la canción que pongo un lunes en las historias de Instagram, es el fragmento del libro que leí y quedó resonando en mi cabeza, es la película que me dejó devastada pero inspirada al mismo tiempo, es la idea que llegó de la nada y quiero soltar con miedo, pero con emoción. 

Es Leonora de Elena Poniatowska haciéndome repensar lo que es la locura, es Feeling Good de Nina Simone recordándome que todo es posible, es Interstellar de Christopher Nolan dándome nuevas perspectivas del tiempo. 

Es lo que escribo y comparto a ver qué provoca en los otros, si les hace sentir algo. Porque lo que queremos quienes contamos historias es que alguien las reciba, crear alguna conexión. Sea que de vuelta venga la afirmación de una sospecha o una nueva hipótesis.

Antes le tenía miedo a las dudas pero ahora entiendo que son una salvación, que realmente no quiero sentenciar nada, quiero la infinita posibilidad, el cuento que no acaba porque vive escribiéndose. Por ahí va Soficcional. Gracias a ti que lees: por ser parte de estas páginas/pantallas (reales e imaginarias), por ayudarme a crear, inspirarme y acompañarme.

Autor: Sofía Elena Álvarez

Creadora. Alma Caribe. Periodista

2 pensamientos

  1. Hermoso testimonio!!!😍😍😍
    Hermoso tu transitar, despiertas mis emociones, me enorgullece saber que perteneces a mi mundo, que eres una creación perfecta que me enseña y ayuda a reencontrarme y salvarme!! Dios te bendiga siempre mi amor!!🙏🏻🤗😍🥰🥰

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